Mostrando entradas con la etiqueta 13° Edición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 13° Edición. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de mayo de 2012

Un árbol


Un árbol del que colgaban cien corazones silbantes donde surgían llantos de amapolas para florecer en el suelo y al filo de la navaja ser encadenados al espejo
perseguiremos al niño que juega con la marioneta desde lo hilos de su carne tratando de degollar el sol
ascendieron en el río para quemar la sangre que un día los cobijó cortaron sus manos y rompieron el bosque de cristal en el que estaba presos
recuerdas a la marioneta con la que danzaste hasta que cayó al piso
los hilo de los cuales fuiste amante y la imagen de la tarde a la que nunca fuiste fiel
nos encontramos donde los perros mastican los huesos de los amigos frente a la guillotina azul del espejo
donde la sal apuñala piedra y de entre las grietas surge la mano que me lleva hacia las aguas.

Mayer Salas

Primer anuncio


Nos descarna la noche y se nos pegan todos los vuelos
Las manos han quedado abiertas
Para demostrar que los vientos han errado
Oyes esa harapienta vibración, si es la nuestra y es mejor ignorarla
Somos borrosos para los dioses tanto como ellos lo son para nosotros
Vamos vestidos con agujas quemadas, agotamos el primer ojo
Para qué guardar memoria,
Si sólo hay viento y agua operando en el brote de los seres inviolables
Las memorias alzaron la luz como límite primitivo
Habrá veces en que nos echen fuego o niebla encima
Para distinguirnos de eso que hubo entre el cielo y la copa del derrumbe.
Nadie ha descubierto nuestra cofradía,
Porque hablamos un idioma en clave
Entre la bruma accidentada y los lechos mancos
Llevamos atada a la espalda la quimera investida de cera.
Esta mañana se levantó el polvo,
Atisbo esa continuidad que se asoma al día
Un tiempo accesible del que se sale con pies de silbidos hacia las casas
Para entrar y salir de ellas, golpear las puertas mientras abren
Y no es nadie
Mientras vuelven a golpear y de nuevo abren y de nuevo no es nadie
Pero alguien hace cálculos, sumas y restas con esos golpes y comprueba
Que el mensajero fue cubierto por constelaciones marinas y anillos venenosos
Y llama a las líneas a advertir
Que las manos del cielo se basan en las retenciones.
Él con nosotros hace una sola cadena, esa sola cadena que hacemos
Con los ángeles que crecen hacia abajo en retribución a la madera
Con las ánimas genitales que marcan con óxido de zinc sus territorios
En los muros de las cavernas, ahora son distintos los umbrales,
Como el agua que se desengaña
Un renegado magnetismo nos enmascara,
Bañamos las armas en el leproso centelleo
El espacio que ocupamos dentro de la noche se vuelve niebla
Niebla que codicia la fragmentación del cuerpo.
Es mejor ignorar que nuestras raíces se abandonaron a cielos equivocados
Que al nacer interrumpimos a esas serpientes
Que son las herramientas de la tempestad
Es mejor no guardar memoria, todos vivieron bajo una lámpara culpable
Lo sumergible del mar primero fue hecho en el cielo
Miramos hacia atrás y vemos al fulgor derribar una hilera de días.
Es otra la mirada como la del hombre que se mira fijamente en la mujer
Y descubre que ha convivido con el relámpago
Que encamina a la sangre hacia un camino invisible
Con la clave que castiga las piedras, para que la luz se quede a solas con la muerte.
Descubre que ha agitado pájaros y espejos para que el infierno envejezca
Descubre que ha dejado cubierto de brisas el árbol sexual que releva a la muerte
Descubre que dos temblores se quedaron para siempre frente a frente.

Rodrigo Verdugo

miércoles, 26 de enero de 2011

A la llegada de las hordas

Mi gran furor que os dará la medida de mi cólera.
En fuga al centro de mí y hacia mi ser en lo profético desencadenado.
Mi pasión por la noche, mi clarividencia.
De poseso coronado por Orfeo y la Bella.
Me hacen más libre, y a la vez, más dichoso y más múltiple.
Que vosotros que todo lo tenéis.
Que vosotros oh corsarios blancos.
Oh, hijos de un cielo que habéis adquirido al menor precio.
A quienes nunca he visto jugarse una última carta.
Como quien juega su cabellera a las aguas envenenadas.
En el supremo juego donde el que pierde es el gran victorioso.
¿No os espanta mi lengua de animal solitario?
¿O no es a vosotros a quienes ciega
mi ojo centelleante como un vasto océano?
Temedme. Alejaos de mí.
Soy el monstruo sagrado, el asesino celestial y benigno.
Aquel que jamás tuvo nada, pero aún así
Su inaudita riqueza sobrepasa a la vuestra.

Porque yo hice mío lo desconocido.
Yo he tocado los límites del infinito.
Y, por último, ¡sabedlo!
Vosotros, que alardeáis de santidad y pureza.
Nunca estaréis tan cerca de Dios como yo.
Que soy la otra cara de Él.
Que soy la eternidad que revive en un hombre.
Que soy una edad desconocida.
Avanzando de himno en himno, de conjuro en conjuro.
Hacia el centro de mi corazón.
Hacia los mundos puros, los mundos malditos, los mundos negados.
Donde he llegado a ser
Un titán bronceado por los sueños
Y que marcha, sí, que marcha.
Abrazado a su abismo como a un postrer anhelo.

Carlos de Rokha

martes, 25 de enero de 2011

Vibración


Hay un viento que tortura a los murciélagos
y están las plantas chamuscadas de los soles muertos
la ciudad hilada con el mar
donde los abismos de pterodáctilo me llaman
hay una espiral de terror animando mi mente
y el zumbido del esqueleto de la soledad
donde florecen cadáveres furiosos en una botella
y armas rojas se desvanecen en espejo.

Miro hacia atrás por la hoja de mi doble
allí vuela –a través de su vista– El Ahorcado
donde una pirámide de agua se asoma entre las oscuras
vituallas de la vida interior.

Philip Lamantia

lunes, 24 de enero de 2011

En el dominio de Emu

Para Franklin Rosemont

Como la tumba abierta que irradia un risueño colinabo
y la zanahoria haciendo trizas la arena
algo así como un árbol estampando sus pies en un leopardo
de ojos cuadrados
las lunas y el pan compiten por el gusto entre los corazones
de diamante.

Al otro lado del lago del ser el viento fuma flamas tubulares
Las cadenas están trenzando cormoranes
Las placentas refractadas en la torre desierta de la tormenta
reemplazan a la Calle de las Maravillas sumergida de nuevo en
su oculta salida
mientras la ciudad despierta como una flor de caballeros
amantes.

Philip Lamantia

domingo, 23 de enero de 2011

Sobre el Pesar Ajeno


¿Puedo ver la desventura ajena,
y no entristecerme también?
¿Puedo ver el padecimiento de alguien
sin tratar de aliviarlo afablemente?

¿Puedo ver cómo cae una lágrima
sin sentir que comparto ese dolor?
¿Puede ver un padre que su hijo
llora, sin sentirse henchido de pena?

¿Puede una madre escuchar sentada
el gemido de un niño, el miedo del bebé?
¡No, no! ¡Jamás podría ocurrir!
¡Nunca, nunca podría suceder!
¿Y puede quien le sonríe a todo
escuchar el piar dolorido de los pichones,
las quejas y los reclamos del pajarito,
los gemidos que los bebés emiten?

¿Sin sentarse al costado del nido para
derramar piedad sobre sus pechos;
sin sentarse junto a la cuna
para sumar su lágrima a las del niño?
¿Y no pasar la noche y el día
enjugando todas nuestras lágrimas?
¡Oh, no! ¡Jamás podría ocurrir!
¡Nunca, nunca podría suceder!

Quien brinda a todos su alegría,
se vuelve un niño pequeño,
se vuelve un hombre de pesares,
comparte lo que significa la pena.
No pienses que puedes emitir un suspiro
sin que tu creador acuda a tu lado;
no pienses que puedes verter una lágrima
sin que tu hacedor se te aproxime.
¡Oh! Él nos concede la alegría
para que nuestra pena destruya;
y mientras los pesares no se esfuman
junto a nosotros se queda a lamentarlos.

William Blake de Cantares de inocencia