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martes, 5 de enero de 2010

Los presos


84. Los presos.- "Una mañana los presos salieron al patio de trabajo; el carcelero estaba ausente. Unos, como tenían por costumbre, se dedicaron inmediatamente a trabajar, pero otros se quedaron sin hacer nada y miraban a su alrededor con aire provocador. Entonces uno de ellos salió de las filas y dijo a voces: ‘Trabajad si queréis, y si no queréis, no trabajéis: es igual. El carcelero ha descubierto vuestros manejos y os va a castigar terriblemente. Ya le conocéis; es duro y rencoroso. Pero escuchad lo que os voy a decir: no me conocéis; yo no soy lo que parezco. Yo soy el hijo del carcelero, y tengo un poder absoluto sobre él. Puedo salvaros, y voy a salvaros. Pero entendedlo bien, no salvaré más que a aquellos de vosotros que ‘crean’ que yo soy el hijo del carcelero. ¡Que los otros recojan el fruto de su incredulidad!" "Pues bien -dijo, tras una corta pausa, uno de los presos más maduros-: ¿qué importancia tiene para ti que creamos o que no creamos? Si eres verdaderamente el hijo del carcelero y puedes hacer lo que dices, intercede en nuestro favor y harás verdaderamente una buena obra; ¡pero deja esos discursos sobre la fe y la incredulidad!’ ‘Yo no creo nada -dijo uno de los jóvenes-. Ese hombre está loco. Yo os aseguro que dentro de ocho días estaremos aún aquí, el carcelero no sabe nada. Y si verdaderamente supo algo, ahora no sabe nada -exclamó el último de los presos, que en aquel momento acababa de bajar al patio-, pues ¡el carcelero acaba de morir de repente! "¡Bravo, bravo!– gritaron casi todos los presos a la ves-; ¿Con que tu eres hijo suyo? ¿Qué hay entonces de la herencia? ¿Es que somos ahora presos tuyos?" "ya se los he dicho- contestó dulcemente el aludido en medio de las burlas- ; daré la libertad a quien tenga fe en mi, y lo afirmo con tanta convicción como que mi padre vive todavía."Los presos ya no rieron; se encogieron de hombros y le dejaron solo.
Friedrich Nietzsche

Die unmögliche Tatsache-El hecho imposible

Die unmögliche Tatsache

Palmström, etwas schon an Jahren,
wird an einer Straßenbeuge
und von einem Kraftfahrzeuge
überfahren.

»Wie war« (spricht er, sich erhebend
und entschlossen weiterlebend)
»möglich, wie dies Unglück, ja-:
daß es überhaupt geschah?

Ist die Staatskunst anzuklagen
in bezug auf Kraftfahrwagen?
Gab die Polizeivorschrift
hier dem Fahrer freie Trift?

Oder war vielmehr verboten,
hier Lebendige zu Toten
umzuwandeln, - kurz und schlicht:
Durfte hier der Kutscher nicht -?«

Eingehüllt in feuchte Tücher,
prüft er die Gesetzesbücher
und ist alsobald im klaren:
Wagen durften dort nicht fahren!

Und er kommt zu dem Ergebnis:
»Nur ein Traum war das Erlebnis.
Weil«, so schließt er messerscharf,
»nicht sein kann, was nicht sein darf!«

Christian Morgenstern (1871-1914)

El hecho imposible

Palmario, en años ya un tanto avanzado,
En una encrucijada
Ha sido atropellado
Por un camión, de carga muy pesada.

"¿Cómo es posible-dice., y se incorpora
y prosigue viviendo, decidido-,
cómo es posible que esto haya ocurrido,
como quiera que sea, aquí y ahora?

¿Tiene la culpa la Constitución,
En cuanto que afectar pueda a un camión?
Los reglamentos de la Policía
¿daban al conductor libre la vía?

¿No está prohibido terminantemente
Aquí volver cadáver al viviente?
O, dicho aún mejor:
¿No es que aquí no debía el conductor…?".

Entre mojados lienzos todo envuelto
Examinan los códigos, resuelto,
Y pronto lo ve claro: En tal lugar
No deben los camiones circular.

Y llega así al siguiente parecer:
"Ha sido sólo un sueño este accidente,
Pues" – concluye tajante y contundente-
"lo que no debe ser no puede ser".

Christian Morgenstern
Traducción de José María Valverde

En lo alto y olvidado

Sólo recuerdos escalan ese olvido.
Mente mirando las veredas de viña
Cerró fantasma como su cruz pálida
El pueblo a ciegas, de pocas madrigueras.

Las venas, tus canales asesinados
Se borra el pasado por púas y cerdos
Gabriela, la única poeta en la plazuela
Ve cómo se muere la frente de Terpsícore

Ya viejas higueras nos hablan de dioses
Sin solo las luciérnagas soplan sonrisas
Menos mal que el poeta no las visita
Es la imagen de virgen creada de greda

Sólo recuerdos escalan el olvido.

Endimión (fragmento)


Una cosa bella es un goce eterno:
Su hermosura va creciendo
Y jamás caerá en la nada;
Antes conservará para nosotros
Un plácido retiro,
Un sueño lleno de dulces sueños,
La salud, un relajado alentar.
Así, cada mañana trenzamos una
Guirnalda de flores que nos ata a la tierra,
A pesar del desaliento, a la inhumana
Falta de naturalezas nobles,
A los días nublados,
A todos los caminos insanos y lóbregos
Abiertos a nuestra búsqueda:
Si, pese a todo, alguna bella forma
Alza el paño mortuorio
De nuestro espíritu ensombrecido.
Como el sol, la luna, los árboles ancianos y los nuevos
Tendiendo su sombra cálida sobre los rebaños;
Como también los narcisos
Y el universo verde en el que moran,
Y los claros arroyos que fluyendo
Frescos hacia el estío,
Y el claro en medio del bosque
Manchado de rosas silvestres;
Y así el sublime destino
Que imaginamos para los grandes muertos;
Todos los deliciosos cuentos que oímos o leímos:
Fuente eterna de una linfa inmortal
Que cae sobre nosotros desde la orilla del cielo.

Esta noche todo acabará

Esta noche todo acabará
Armémonos de diamantes
Con nuestra vestimenta gris
Invocaremos a los cuervos
Para pintar nuevas creaciones

Los martillos contra sus cráneos
Verdadera ignominia
Para los contentos y buenos
Los creadores del concepto

El sol se muere en el mar
Últimas páginas de problemas
Que el miedo se coma la vista
¡Nihilismo y violencia!

La oscuridad en los cuadros
Que empiece la limpieza
Olvidemos nuestros padres
Sólo acabemos la tempestad

Iglesias ensangrentadas
Silencio entre las calles
Algunas niñas de sauce
Lloran ríos y canales
Esta noche todo acabó
¿Ahora que nos queda?
Crear desde la soledad
Para esperar que amanezca.

Lirios de la roca

Despertad lirios míos
Dulce, dulce aurora
Al suspiro del navío
Lágrimas de ángel
Santo roció

Vengo de un profundo abismo
Y solo río, río
Un delirio absurdo y vacío
Soy yo el absurdo ángel
Llueve tarde amor mío


Espejo de plata, cristal de la fuente
Te abrazo y te veo
Y en tus ojos me miro
¡¡ Oscuridad maldita ¡¡
Lo que veo no es mió

Ser andrógino, radiante plateado
Frío, frío y vacío llanto
Radiante luna
Virginal ramera
Eterna tú esperas

Eternamente de ti yo me río
Eterno en ti es mí reflejo
En ti renazco y en ti fallezco
Con tú orgasmo y el mío
Como lirio florezco.

Trasmundo-Despedida

Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo).

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento).

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Federico García Lorca

Vaca



A Luis Lacasa

Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.

Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.

Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.

Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.

Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.

Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.

Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.

Federico García Lorca


Nota: En el poema vaca el protagonista se adentra en el mundo más allá de la muerte, describiendo el momento en que este animal “se fue balando / por el derribo de los cielos yertos”. Esta intromisión en la vida de ultratumba es característica de estas creaciones, apareciendo en varias de ellas, como “cementerio judío”, donde su protagonista “se cortó las manos en silencio”, después de haber ocupado ya “su litera”, su correspondiente lugar en el cementerio.
Federico García Lorca, Poeta en Nueva York, Ediciones Cátedra (Sexta edición) 1994. Madrid España, Edición de María Clementa Millán.

Yo cuando te beso



A mi juventud enamorada

Yo cuando te beso
Siento en mi cuerpo
Sabor de tus ojos
Visión de tus labios

Yo cuando te beso
El sueño no es sueño
Al ver la bella flor
El idioma de poemas

Yo cuando te beso
Te abrazo bien fuerte
Para no escaparnos
Tú, que creas mi aire
Mi todo en el mundo

Yo cuando te beso
Sonrío cuando pienso
Eva tan tierna eres
¡Te amaré por siempre!

Yo cuando te beso
Soy cálido e irreal
Con el pene arriba
Te lo quiero instalar.


domingo, 3 de enero de 2010

Estación de los peces(1926)



Por seguir tu perfume sin atención de cuerda
De torre a torre el espectáculo cada minuto como oso menos pesado ni intruso
Aparentas la nube sentada con los ojos en el vacío
Detrás de tus ojos las murallas suspendidas con la voz
De flor abriéndose por cada estrella en el mejor movimiento del sonido suspenso
O como las espadas de pie debajo del agua con su hoja afuera
Rama cimbrándose en la boca de los túneles desde lejos
Frente tan sencilla de arena de ola con dos ruedas
Obscuras en la mancha de las palomas evasivas
Más bien las olas paradas en el lomo del cielo como un canto de estrella de cien pies
El perfume admirable sin anochecer en las astas de la ciudad otras veces en los rieles tibios de mis dedos
Hacia el viento y su sombrero de hojas al lado de las nubes humedeciendo tu estatura viva de abeja en el cielo.

Poeta negro



Poeta negro, un seno de doncella
te obsesiona
poeta amargo, la vida bulle
y la ciudad arde,
y el cielo se resuelve en lluvia,
y tu pluma araña el corazón de la vida.

Selva, selva, hormiguean ojos
en los pináculos multiplicados;
cabellera de tormenta, los poetas
montan sobre caballos, perros.

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye a las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre.

Antonin Artaud

De "L'Ombilic des limbes"
Versión de Aldo Pellegrini

Esta noche todo acabará

Esta noche todo acabará
Armémonos de diamantes
Con nuestra vestimenta gris
Invocaremos a los cuervos
Para pintar nuevas creaciones

Los martillos contra sus cráneos
Verdadera ignominia
Para los contentos y buenos
Los creadores del concepto

El sol se muere en el mar
Últimas páginas de problemas
Que el miedo se coma la vista
¡Nihilismo y violencia!

La oscuridad en los cuadros
Que empiece la limpieza
Olvidemos nuestros padres
Sólo acabemos la tempestad

Iglesias ensangrentadas
Silencio entre las calles
Algunas niñas de sauce
Lloran ríos y canales

Esta noche todo acabó
¿Ahora que nos queda?
Crear desde la soledad
Para esperar que amanezca.

Todos cuantos te buscan te tientan...

Todos cuantos te buscan te tientan.
Y quienes te encuentran te atan
al gesto ya la imagen.

Yo en cambio quiero comprenderte
como te comprende la tierra;
con mi madurar
madura tu reino.

No quiero de ti vanidad alguna
que te demuestre.

Sé que el tiempo
no se llama como tú.

No hagas por mí milagros.
Da la razón a tus leyes
que de generación en generación
se tornan más visibles.

Rainer Maria Von Rilke Versión de Adrián Kovacsics

Editorial

Una vez más los silencios se confunden en uno sólo, la condena eterna de querer ser uno en la dualidad, las fantasiosas ideas de querer ser leído, de ser manoseado por manos ajenas, Dios y su Biblia, uno el masoquista y otro el sado..., Como un hijo que no desea volver a su casa (las letras) que el Hado lo condena a latigazos a comunicarse con palabras ya usadas en tantos poemas, la eterna búsqueda de la palabra perdida que con los siglos fue oculta por los hierofantes, por los sacerdotes, los filisteos, diría Nietzsche, nuestro propósito es devolverle al hijo pródigo su arbitrio, que sea capaz de entender que el lenguaje ha sido trasladado hacia los lares arcaicos de la mente, ya nada soporta nuestro peso de humano, somos los seres más horribles e inermes que han pisado la tierra; Los gigantes que todas las civilizaciones han comentado son los primigenios dormidos entre reglón y reglón, aquí debió Serrano buscar las respuestas, esta es la antártica, el poema ártico que puso en práctica Huidobro y lograremos producir el insomnio (Omar Cáceres) y más tarde soñarán que estamos allí , a su lado, leyendo para ustedes, encontrando el tesoro que Stella Díaz Varín quiso hallar, rememoramos a los antiguos, a los nuevos, nuestro siglo es el siglo del fin del siglo (los puntos cardinales de Huidobro), no somos Quebrantahuesos, no buscamos el sentimentalismo, las necesidades primordiales de cada individuo son efímeras, somos más que uno, ellos para nosotros no sirven, nos unimos en el círculo Hermético del EscarniO, latigazos de nuestras mentes para la monotonía, el repetir el vocablo y producir en el hombre la maldita y horripilante igualdad, ningún escritor es igual al lector, el escritor es siempre más que él, duele el decirlo, pero ¿Podrá comprenderme?...esta palabra que buscamos es el verbo creador, el lloriqueo de pájaros carroñeros son para ellos mismos, para nadie más, ¡eso es egoísmo! Y además que me interesa su vida personal y sentimental, como si fuéramos Freudianos.
¡Querido lector, destrúyeme, disecciona, se el Dios (nosotros crearemos como Dios), usad el sadomasoquismo y te seré eternamente agradecido!
Editores

Insomnio junto al alba


Prólogo en “Defensa del Ídolo”

"Estamos en presencia de un verdadero poeta, es decir, no del cantor para los oídos de la carne, sino del cantor para los oídos del espíritu. Estamos en presencia de un descubridor, un descubridor del mundo y de su mundo interno".

Vicente Huidobro
Insomnio junto al alba

En vano imploro al sueño el frescor de sus aguas.
¡Auriga de la noche! (¿Quién llora a los perdidos?).
Vuelva la luna sobre su piel el viento, mientras
que de la sombra emerge la claridad de un trino.

Tambalean las sombras como un carro mortuorio
que desgaja a la ruta el collar de sus piedras;
e inexplicablemente crujen todas las cosas,
flexibles, como un arco palpitante de flechas.

Amor de cien mujeres no bastará a la angustia
que destila en mi sangre su ardoroso zumbido;
y si de hallar hubiera sostén a esa esperanza,
piadosa me sería la voz de un precipicio.

Volcó la luna sobre su piel el viento. Suave
fulguración de nieve resbala en los balcones;
y al suplicarle al sueño me aniquile, los pájaros
dispersan un manojo de luz en sus acordes.

en Defensa del ídolo, 1934


Omar Cáceres: Poeta Chileno (1904-1943), autor de un único libro “Defensa del Ídolo” Imprenta Norma, Santiago de Chile 1934, (prólogo de Vicente Huidobro)

sábado, 26 de diciembre de 2009

Cuando yo no era poeta


Cuando yo no era poeta
por broma dije era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.

Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.

La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.

Ella había traducido para mí poemas de Christian Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada a cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.

Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.

Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.

* Poema publicado en EL MOLINO Y LA HIGUERA, el año 1993.

Despedida


La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.

No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.

Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.

Testimonio de escritura


“Hay un momento en que no tienes nada en que apoyarte, ni amigos, ni mucho menos maestros, ni hay nadie que tienda la mano, las publicaciones, los premios, las becas son para los otros, los que han dicho “sí, señor”, repetidas veces, o que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es su sentido policial de la vida, a ésos nada se les escapa, nada perdonan”.

Roberto Bolaño

Mi proceso de escritura ha sido breve, pero con momentos de gran vehemencia creativa. En un comienzo la soledad y luego las lecturas me hicieron adquirir ciertas preferencias literarias. Recuerdo muy bien como al inicio me deslumbró Edgar Allan Poe con su lúcida ebriedad, su teoría estética y principalmente sus cuentos. Ligeia mi favorito: el amor que triunfa sobre la muerte. Lo que en vida no pudo lograr el gran Edgar con su esposa Virginia, su difunta consorte.

Luego Henry Miller me “mostró” sus cien libros predilectos. Allí conocí a los grandes: Lautreamont, Artaud, Rimbaud, Baudelaire. Obviamente, la tradición de la poesía chilena, la leía con circunspección nerudiana.

Un largo periodo de lecturas, afiebradas lecturas. Los Cantos del Maldoror, la poesía maldita francesa en general. Pero siempre la poesía chilena al frente, la gran poesía chilena.

Pasé tres largos años en San Juan Argentina, leyendo y releyendo. Aún no llegaba, la poesía. Pero, si bien es cierto, leía con fruición de novato, había algo que no me complacía del todo, la sospecha de más de algún paraíso perdido. No encontraba 100% lo que buscaba. Recolecté frutos carnosos no sólo en la poesía, sino también en la novela, el teatro ,Borges con su occidental galería de espejos, Cortázar en un ómnibus, ensayos, textos sagrados, sectas, prácticas ancestrales, espiritismo, rituales primitivos y todavía nada. Me adelante y entendí el mensaje. No debía buscar más, porque no me llenaba del todo ninguna propuesta por exótica o exquisita que fuera. Y allí estalló: lo que buscaba realmente sólo mi propia mano podría escribirlo, la propia ubre poética ordeñada por mi mano. Las formas deseadas, el tamaño deseado, las licencias deseadas, no a las ataduras como enseñara Henry Miller. El tratamiento de lo repugnante estéticamente, lo prohibido literariamente, la sensibilidad de la cloaca, ¡oh apasionados baudelerianos, Oh artaudianos!...

Y acaso había que llenarse de algo, preguntaba presuroso mi propio yo orientalista. Acaso más bien, no había que despojarse de las ideologías, estéticas, preferencias u opiniones, según Krishnamurti, Zen y compañía...

Los primeros dos años de escritura poética sólo fueron experimentos, injertos, monstruos contrahechos. También algo de vicio con mis propias criaturas. Poemas crípticos, poesía difícil, no me lo proponía, pero con todo y a la larga una estética caótica y experimental irrumpía irremediablemente.
De vuelta ya en Chile, La Serena, el insecto de la poesía me dijo: “Haz una revista. Rescata a los maestros franceses y chilenos. Muestra tu poesía”. Allí surgió en un lejano 1991 la revista de poesía MUSARAÑA. Y sí, allí sí sentí lo que afirma la cita de Bolaño. Sentí una marginalidad literaria, un abandono, una desprotección. La edición de la Musaraña fue y es subterránea, humilde. Marginado de antologías, de ferias del libro, de eventos de la oficialidad provinciana. Detestado por las autoridades que veían en esta disidencia libertina amenazadas sus cabezas, pues el discurso poético es intrínsecamente opuesto al poder en todas sus formas. Salvo en lo que se refiere al verdadero poder que sólo lo da, sólo lo insufla la eterna y diabla poesía.

Desde ese instante he tomado partido por los locos, pues los cuerdos no me quieren, mis palabras le suenan a veneno, mis ademanes a pantomima bárbara, un bárbaro con Rimbaud en el pecho y en la frente.

Sí, la Poesía chilena hizo todo el resto: Gabriela, cómo no amar su Tala enorme en pleno valle fisurado del corazón; Neruda eterno e indiscutible en la Isla negra de tu propia escritura y muy a pesar de su fundación, De Rokha cosmócrator, titán, mesiánico, tiránico, único sentado como satán entre los dos hemisferios; Huidobro con todo su oxígeno de mago, frenético vanguardista pidiéndole el trono y el rayo Guillermo Apollinaire. Rosamel, Humberto, Eduardo, Gonzalo, Jorge y como no Enrique, el gran Enrique.

En el cuento Encuentro con Enrique Lihn Roberto Bolaño muestra una superposición realidad vigilia versus realidad onírica, así que cuando se lo encuentra en el sueño le parece familiar, pero a la vez extraño y diferente, “más apuesto” dice Bolaño, tal vez acicalado simbólicamente por la crítica. Este gran Enrique, el estupendo poeta de Porqué escribí, de La Pieza oscura, del terrible Diario de Muerte ya había dado su veredicto: Los seis tigres de la poesía chilena del año 2000.

Este era el mandala de tigres. Primer tigre: El desgarbado y maltrecho Rodrigo Lira. Líder en ese momento ( lo vine a leer en serio muy tardíamente en su Proyecto de obras completas). Segundo tigre: Claudio Bertoni, lo conocí personalmente en La Universidad de La Serena; me pareció deslavado y abúlico. Tercer tigre: Diego Maquieira, brillante en La Tirana y su new age Sea Harrier . Cuarto tigre: Gonzalo Muñoz, jamás lo leí. Quinto tigre: Juan Luis Martínez, espléndido; en rigor más que poesía, un taller de poesía con sus máximos próceres... La Nueva Novela. Sexto tigre: Bolaño, debo confesar que lo descubrí primero como notable narrador y muy postreramente reparé en sus poco conocidos y menos difundidos trabajos poéticos. El séptimo Tigre seguramente era Raúl Zurita, Bolaño evita nombrarlo. Precisamente porque representa la oficialidad literaria. El poeta que vende su libertad al poder político imperante. Nada nuevo bajo el sol. El poeta oficial. El nuevo Neruda.
¿Cómo nace un poeta? ¿Cómo muere? Baudelaire temblando con sífilis, Rimbaud grangrenado, Lautreamont consorte novillo del vicio. Lo verdaderamente triste es el poeta que muere antes de morir: morir como poeta, creativamente hablando. Sin ese llamado “delirio poético huidobriano”, que sí, no podemos negarlo, alguna vez lo tuvo este séptimo o casi séptimo tigre de Lihn.

Así es amigos míos, nada nuevo bajo el sol. La literatura, la poesía chilena es la historia de un grupo de enemigos, que se soporta por culpa de la civilización, pero en verdad lo único que desean es eliminar a los “otros” y dominar sempiternamente el panorama poético-literario: culpa del gen egoísta, culpa de la especie, volcada en su dimensión estética fónica y representativa simbólica de lo lírico, sin embargo, con esa voracidad carnívora mejor digo antropófaga; síntoma inequívoco de la tradicional guerrilla literaria. Además reflejo y reflujo de la soberbia de nuestros cuatros padremadres violentos de la lírica nacional.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Segunda Edición Revista Escarnio

Enviar textos a revistaescarnio@hotmail.com, para la segunda versión de Escarnio, pueden enviar mas de dos textos. (cuento, poesía, ensayo, aforismos, etc.) lo ideal es que el tema sea: Todo lo relacionado con campo o rural... en la medida de lo posible. Se agradecerá su colaboración con la entrega de revistas EscarniO