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domingo, 18 de septiembre de 2011

El durmiente del valle

Es un hoyo de verdor donde canta un río
enganchando locamente a las hierbas harapos
de plata; donde el sol, de la altiva montaña,
luce: es un pequeño valle que espuma de rayos.

Un joven soldado, boca abierta, cabeza desnuda,
y la nuca bañándose en el fresco berro azul,
duerme; está estirado en la hierba, bajo la nube,
pálido en su lecho verde donde la luz llueve.

Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriendo como
sonreiría un muchacho enfermo, echa un sueño:
Naturaleza, acúnalo cálidamente: tiene frío.

Los perfumes no hacen estremecer su nariz;
Duerme al sol, la mano en el pecho tranquilo.
Hay dos agujeros rojos al lado derecho.
Arthur Rimbaud

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cabeza de fauno


En el follaje, estuche verde moteado de oro,
en el follaje incierto y florido
de flores espléndidas donde el beso duerme,
vivo y aplastante el exquisito bordado.

Un fauno asustado muestra sus dos ojos
y muerde las flores rojas con sus dientes blancos.
Bruñido y sangriento como un vino añejo,
su labio estalla en risas bajo las ramas.

Y cuando ha huido –como una ardilla–
su risa tiembla todavía en cada hoja,
y se ve espantado por un pinzón real
el Beso de oro del Bosque, que se recoge.

Arthur Rimbaud












viernes, 21 de enero de 2011

El corazón robado

Mi triste corazón babea en la popa,
mi corazón lleno de caporal:
sobre él arrojan escupitajos,
mi triste corazón babea en la popa:
bajo las burlas de la tropa
que suelta una risa general,
mi triste corazón babea en la popa,
¡mi corazón lleno de caporal!

¡Itifálicos y sorchetes
sus insultos lo han depravado!
En la velada narran relatos
itifálicos y sorchetes.
¡Oh olas abracandabrantes,
tomad mi corazón, salvadlo!
¡Itifálicos y sorchetes
sus insultos lo han depravado!

Cuando hayan acabado con su tabaco de mascar,
¿cómo obrar, oh corazón robado?
Se oirán hipos báquicos
cuando sus chicotes hayan cesado:
tendré sobresaltos estomacales
si degradan mi triste corazón.
Cuando sus chicotes hayan cesado,
¿cómo actuar, oh corazón robado?


Arthur Rimbaud