jueves, 4 de agosto de 2011

mis camaradas

             éste da clases
ése vive con su madre.
y a aquél lo mantiene un padre alcohólico de cara enrojecida
con el cerebro de un mosquito.
éste toma speed y lo ha estado manteniendo
la misma mujer durante 14 años.
aquél escribe una novela cada diez días
pero por lo menos se paga el alquiler.
éste va de un sitio a otro
durmiendo en sofás, bebiendo y repitiendo su
cantinela.
ése imprime sus propios libros en una
multicopista.
aquél vive en un vestuario abandonado
de un hotel de Hollywood.
éste otro parece como conseguir beca tras beca,
su vida es un rellenar solicitudes.
otro es sencillamente rico y vive en los mejores
sitios y llama a las mejores puertas.
aquél desayunó con William Carlos
Williams.
y éste da clases.
y ése da clases
y éste otro publica libros de textos de cómo dar clase
y habla en tono cruel y dominante.
están por todas partes.
todo el mundo es escritor.
y casi todos los escritores son poetas.
poetas poetas poetas   poetas poetas poetas
poetas poetas poetas   poetas poetas poetas

la próxima vez que suene el teléfono
será un poeta.
el próximo que llame a mi puerta
será un poeta.
éste da clases
y ése vive con su madre
y aquél está escribiendo la historia de
Ezra Pound.
ay, hermanos, somos los más enfermos y los

más rastreros de la especie.   

De El amor es un perro del infierno
Charles Bukowski                              

miércoles, 3 de agosto de 2011

un poema desagradable

             siguen escribiendo
bombeando poemas –
jóvenes y profesores universitarios
esposas que beben vino toda la tarde
mientras sus maridos trabajan,
siguen escribiendo
los mismos nombres las mismas revistas
todos escribiendo un poco peor cada año,
sacando una recopilación de poesías
y bombeando más poemas
es como un concurso
es un concurso
pero el premio es invisible.

no escribirán relatos ni artículos
ni novelas
sólo siguen
bombeando poemas
cada cual sonando más y más parecido a los otros
y menos y menos a sí mismos,
y algunos de los jóvenes se cansan y abandonan
pero los profesores nunca abandonan
y las esposas que beben vino por las tardes
nunca jamás abandonan
y llegan nuevos jóvenes con nuevas revistas
y hay algo de correspondencia entre poetas hombre o mujeres
y algunos polvos
y todo es exagerado y tedioso.

cuando les devuelven los poemas
los pasan a máquina de nuevo
y los mandan a la siguiente revista del directorio,
y dan recitales
todos los recitales que pueden
gratis la mayoría de las veces
esperando que alguien por fin comprenda
por fin los aplauda
por fin los felicite y reconozca su
talento
están todos tan seguros de su genio
dudan tan poco de sí mismos,
y la mayoría vive en North Beach o Nueva York,
y sus caras son como sus poemas:
parecidas,
y se conocen entre ellos y
se juntan y odian y admiran y eligen y descartan
y siguen bombeando más poemas
más poemas
más poemas
el concurso de los pelmazos:

tac tac tac, tac tac, tac tac tac, tac tac…

De El amor es un perro del infierno
Charles Bukowski

La Flauta Espinazo


I
 
Estrujo apresurado verstas de calles.
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann
te inventó, maldita?
A la borrasca del gozo las calles son estrechas.
Del día festivo salen y salen, acicalados todos.
Yo pienso.
Pensamientos, coágulos,
malsanos, espesos, me escurren del cráneo.
Yo,
prodigioso de todo lo festivo,
yo no tengo con quien ir a celebrar.
Ahora mismo me caeré de espaldas,
me saltarán los sesos en las piedras del Nevski.
He blasfemado, sí,
voceado que no hay Dios;
pero Dios, de las honduras infernales sacó a una,
ante quien la montaña se echa a temblar, vacila;
ordenó:
¡Quiérela!
Dios está contento.
Bajo el cielo, en un candil,
un hombre agotado se hizo fiera, se apaga.
Dios se frota las manos.
Piensa Dios:
-¡Espera, VIadímir!
A él, sí, a él,
para que no adivinase quién eras,
se le ocurrió darte marido de verdad
y en el piano poner humanas notas.
Si alguien se deslizara de pronto a la puerta de la alcoba,
si hiciera el signo de la cruz sobre la colcha y tú y él,
lo sé:
olería a lana quemada,
como azufre humearía la carne del diablo.
Pero en vez de eso, hasta que fue mañana,
de horror, que te llevaban a quererte,
anduve errante,
y gritos en líneas tallaba,
 joyero loco a medias ya.

¡Jugar con los naipes!
¡Con vino
enjuagarte el gaznate al corazón devuelto en un suspiro!
¡No me haces falta!
¡No quiero!
Da igual;
que pronto me iré al carajo.
Si es verdad que existes tú,
Dios,
Dios mío;
si la alfombra de estrellas por ti fue tejida;
si este dolor
multiplicado cada día
es la tortura que mandas, Señor,
cuélgate la cadena de juez.
Espera mi visita.
Soy puntual,
no tardo nada.
¡Escucha,
supremo inquisidor!
Me sellaré la boca;
ni un grito escapará de mis labios deshechos con los dientes.
Átame a cometas como a colas caballunas,
y que me arrastren
desgarrándome en dientes de estrellas.
O sí no, esto:
cuando mi alma se vaya
y llegue al juicio tuyo,
frunciendo el entrecejo,
alza la Vía Láctea como una horca,
préndeme y cuélgame: delincuente.
Haz lo que quieras.
Si quieres, descuartízame.
Yo mismo a ti, justiciero, las manos te lavaré.
Pero
-¿me oyes?-
¡llévate a la maldita esa
que has hecho mi amada!

Estrujo apresurado verstas de calles.
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann
te inventó, maldita?.

de La flauta espinazo y otros poemas
Vladimir Maiakovski