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sábado, 10 de diciembre de 2011

Canto del hacha VIII

Veo al verdugo europeo.
Está de pie, enmascarado, vestido de rojo; tiene inmensas piernas y
            fuertes brazos desnudos;
y se apoya sobre un hacha pesada.

(¿A quién has decapitado últimamente, verdugo europeo?
¿De quién es esa sangre que veo en ti, tan húmeda y pegajosa? )

Veo los claros ponientes de los mártires;
veo descender fantasmas de los patíbulos,
fantasmas de señores muertos, de damas sin corona, de ministros
            acusados de delitos, de reyes destronados;
de rivales, traidores, envenenadores, caudillos deshonrados y más aún.

Veo aquellos que, en todas partes, han muerto por la causa justa;
la semilla es escasa; pero la cosecha nunca se agotará.
(tenedlo presente oh reyes extranjeros, oh sacerdotes; la cosecha nunca se agotará)

Veo la sangre completamente borrada del hacha:
la hoja y el mástil están limpios;
ya no derraman la sangre de nobles europeos; ya no estrechan los
            cuellos de las reinas.

Veo al verdugo retirarse y tornarse inútil;
veo al patíbulo desierto y mohoso; ya no veo hacha alguna en él;
veo el poderoso y fraternal emblema del poder de mi propia raza; la
            más nueva, la raza más extendida.
Walt Whitman
de Hojas de Hierba

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¡Oh capitán, mi capitán!...

¡Oh Capitán, mi Capitán!
Terminó nuestro espantoso viaje,
El navío ha salvado todos los escollos,
Hemos ganado el codiciado premio,
Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el
pueblo acude gozoso,
Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz,
Mas ¡oh corazón, corazón, corazón!
¡Oh rojas gotas sangrantes!
Mirad, mi Capitán en la cubierta
Yace muerto y frío.
¡Oh Capitán, mi Capitán!
Levántate y escucha las campanas,
Levántate, para ti flamea la bandera,
para ti suena el clarín,
Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,
para tí la multitud se agolpa en la playa,
A tí llama la gente del pueblo,
a tí vuelven sus rostros anhelantes,
¡Oh Capitán, padre querido!
¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
Esto es sólo un sueño: en la cubierta
Yaces muerto y frío.
Mi Capitán no responde,
sus labios están pálidos e inmóviles,
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni voluntad,
El navío ha anclado sano y salvo;
Nuestro viaje, acabado y concluido,
Del horrible viaje el navío victorioso llega con su trofeo,
¡Exultad, Oh playas, y sonad, Oh campanas!
Más yo con pasos fúnebres,
Recorreré la cubierta donde mi Capitán
Yace muerto y frío.

Walt Whitman