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lunes, 6 de junio de 2011

Aforismos


El adulterio es para el hombre un excitante, y para la mujer un calmante.

La pasión sin testigos tiene  una vida corta. Romeo y Julieta, en una isla desierta, hubieran terminado pronto como un matrimonio burgués.

El perro es, de todos los seres vivientes, el que menos tiene el instinto nómada. Por este título, es el primero en la fecha de los civilizados. Y como prueba: los perros domésticos se apartan instintivamente de los perros vagabundos, como nosotros, los hombres, evitamos a todos los que no tienen un techo fijo.

La mujer nos torna poetas; el niño nos torna filósofos.

Si el sol no fuera modesto no sería sol. No se puede ser grande y disminuido al mismo tiempo.

Aullar es para los perros una manera de charlatanear. Para hablar “seriamente”, los perros gruñen.

Los animales se alaban moviendo la cola, y se enorgullecen levantando el cuello. Los vanidosos en la raza humana, por falta de cola, se alaban con las caderas.

Un sacerdote es a menudo un inmenso poeta que no ha encontrado una lira a su medida. ¡Cuántos poetas, por otra parte, son auténticos sacerdotes ignorados!...

La muerte es más fácil de definir que la vida, así como el signo menos es mucho más preciso que el signo más.

Los colores rosados son los dientes de leche del sol.

Si las iglesias estuvieran construidas en formas de ataúdes, los fieles huirían de ellas como la peste. Del mismo modo que se toma un narcótico para tratar de olvidar la vida, ¡cuántos no van a la iglesia para tratar de olvidar la muerte!

La voluptuosidad es un placer redondo. Si la Serpiente hubiera partido en dos la Manzana, la Voluptuosidad nunca hubiera existido.

La voluptuosidad es la más poderosa sensación que tenemos de velocidad.

El Diablo es la cuarta dimensión de las iglesias.

Malcolm de Chazal

martes, 5 de enero de 2010

Los presos


84. Los presos.- "Una mañana los presos salieron al patio de trabajo; el carcelero estaba ausente. Unos, como tenían por costumbre, se dedicaron inmediatamente a trabajar, pero otros se quedaron sin hacer nada y miraban a su alrededor con aire provocador. Entonces uno de ellos salió de las filas y dijo a voces: ‘Trabajad si queréis, y si no queréis, no trabajéis: es igual. El carcelero ha descubierto vuestros manejos y os va a castigar terriblemente. Ya le conocéis; es duro y rencoroso. Pero escuchad lo que os voy a decir: no me conocéis; yo no soy lo que parezco. Yo soy el hijo del carcelero, y tengo un poder absoluto sobre él. Puedo salvaros, y voy a salvaros. Pero entendedlo bien, no salvaré más que a aquellos de vosotros que ‘crean’ que yo soy el hijo del carcelero. ¡Que los otros recojan el fruto de su incredulidad!" "Pues bien -dijo, tras una corta pausa, uno de los presos más maduros-: ¿qué importancia tiene para ti que creamos o que no creamos? Si eres verdaderamente el hijo del carcelero y puedes hacer lo que dices, intercede en nuestro favor y harás verdaderamente una buena obra; ¡pero deja esos discursos sobre la fe y la incredulidad!’ ‘Yo no creo nada -dijo uno de los jóvenes-. Ese hombre está loco. Yo os aseguro que dentro de ocho días estaremos aún aquí, el carcelero no sabe nada. Y si verdaderamente supo algo, ahora no sabe nada -exclamó el último de los presos, que en aquel momento acababa de bajar al patio-, pues ¡el carcelero acaba de morir de repente! "¡Bravo, bravo!– gritaron casi todos los presos a la ves-; ¿Con que tu eres hijo suyo? ¿Qué hay entonces de la herencia? ¿Es que somos ahora presos tuyos?" "ya se los he dicho- contestó dulcemente el aludido en medio de las burlas- ; daré la libertad a quien tenga fe en mi, y lo afirmo con tanta convicción como que mi padre vive todavía."Los presos ya no rieron; se encogieron de hombros y le dejaron solo.
Friedrich Nietzsche

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Nuestro derecho a la locura


¿Cómo debemos actuar? ¿En función de qué motivos? Cuando se trata de las necesidades inmediatas y diarias del hombre, resulta fácil responder a estas preguntas; pero cuanto más profundizamos en el campo más amplio e importante de los actos más complejos, el problema se hace difícil de resolver y es más afectado por la arbitrariedad. Sin embargo, en este tema hay que eliminar todo elemento de arbitrariedad; mientras que la moral exige precisamente que el hombre se deje guiar en sus actos -actos cuyos fines y medios no percibe automáticamente-, de una forma constante, por un miedo y una reverencia oscuros. Esta autoridad de la moral dirige pensar equivocadamente; al menos así es como suele defenderse la moral frente a sus detractores. Falso equivale, pues, a peligroso; pero peligroso ¿por qué?

Generalmente lo que tienen en cuenta los promotores de la moral autoritaria no es la bondad de un acto, sino el peligro que tales promotores correrían, la pérdida de poder o de influencia que podrían sufrir desde el momento en que se reconociera a todo el mundo, insensata y arbitrariamente, el derecho a obrar con arreglo a su razón grande o pequeña; ya que los defensores de la moral autoritaria no dudan en hacer, por su cuenta, uso del derecho a la arbitrariedad y a la locura y ordenan, aunque las preguntas, ¿qué debo hacer? Y ¿qué móviles deben impulsar mi acción? Sólo pueden ser respondidas de una forma laboriosa y difícil. Si la razón humana se ha desarrollado con tanta lentitud que hasta cabe negar su crecimiento a lo largo de la historia, ¿a qué hay que imputar este fenómeno sino a esta solemne presencia (a esta omnipresencia, diría yo) de los mandamientos morales, que ni siquiera permite al individuo que se plantee el porqué y el cómo de sus actos? ¿No trata de suscitar la educación en nosotros sentimientos patéticos, de hacernos huir a las tinieblas cuando nuestra naturaleza necesitaría conservar tuda su claridad y su sangre fría, por así decirlo, en todas las circunstancias elevadas e importantes?


Aforismo 107 del libro Aurora de Friedrich Nietzsche