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sábado, 20 de noviembre de 2010

Fatuidad

Soy muy joven; la púrpura en mis venas abunda;
Mi cabello es de jade, mis miradas de fuego,
Y sin tos ni arenilla puedo llenar mi pecho
Con el aire del cielo, que es el aire de Dios.

Al capricho de vientos de Bohemia mis noches
Y mis días arrojo, sin pensarlo dos veces,
Y a menudo entre frascos me sorprende la aurora
Desatando una máscara negra de terciopelo.

Unas la llave de oro de sus almas me dieron,
Otras dicen que soy su señor y su dueño,
Yo las amo y a veces un ángel que es mujer
Baja del cielo y duerme sobre mi corazón.

Saben mi nombre; fácil y feliz es mi vida;
Tengo algún enemigo y algún que otro envidioso;
Pero en mí la amistad siempre encuentra un asilo,
Que otro sea feliz no me ofende jamás.

Théophile Gautier

A una joven italiana

Aquel mes de febrero tiritaba en su albura
De la escarcha y la nieve; azotaba la lluvia
Con sus rachas el ángulo de los negros tejados;
Tú decías: ¡Dios mío! ¿Cuándo voy a poder
Encontrar en los bosques las violetas que quiero?

Nuestro cielo es llorón , en las tierras de Francia
La estación es friolera como si aún fuera invierno.
Y se sienta a la lumbre; París vive entre fango
Cuando en tan bellos meses ya Florencia desgrana
Sus tesoros que adorna un esmalte de hierba.

Mira, el árbol negruzco su esqueleto perfila;
Se engaño tu alma cálida con su dulce calor;
No hay violetas excepto en tus ojos azules,
Y no hay más primavera que tu rostro encendido.

Théophile Gautier