lunes, 6 de junio de 2011

Venus en el pudridero (fragmento)


¿A quién amé? ¿A ti en otro lugar?
¿O bien a otra mujer, pero aquí?
Aquella a quien beso aquí ahora,
Si cambia el lugar, ¿es la misma persona?
O cambia el tiempo, ¿la persona es la misma?
O cambia el tiempo, ¿es el mismo lugar?

¡Nunca los cuatro estamos juntos!

Un kilo de algodón no pesa igual que uno de acero,
Tú ejemplificas lo singular.
Te expulsas. Repetirte es otra.
¡Qué extraño tu retrato de hace veinte años!
Lo que se vuelve a sentir
Muere por primera vez.

En 1940 pensé: “En 1950 recordaré este año”
Ahora, en 1960, recuerdo que
En 1950 recordé que en 1940
Me propuse en 1950
Recordar 1940.

Es fatal. Estamos en 1960 -¡lo habíamos previsto años atrás!
El ruiseñor canta: tres veces, supongamos:
Tsü, tsü, tsü.
What time is it? Tsü, tsü, tsü.
¿En cuál instante estás, pájaro del bosque?
Solitarios los setos, el fresco olor de las hojas
Y el ruido inmemorial del mar.
Tsü  –el silbo nivela al reciente y al antiguo;
El niño y el anciano tienen la misma edad:
Un instante, un instante, un instante.

Eduardo Anguita

Poema sin héroe Capítulo primero (Versión sin citas)


La fiesta de Año Nuevo prolonga suntuosamente
los húmedos tallos de las rosas de Año Nuevo.
El rosario

No diremos la buenaventura de Tatiana
Pushkin

In my hot youth – when George
the Third was king
Don Juan
Noche de Año Nuevo. Casa de Fontanka. A casa del autor, en lugar de los esperados, llegan sombras disfrazadas del año trece. Sala blanca de espejos. Digresión lírica: "El huésped del futuro". Mascarada. El poeta. Una aparición.

Encendí los cirios secretos
    para iluminar la velada,
      contigo, que no has venido a mi casa,
         al año cuarenta y uno saludo.

Pero...
   ¡Que Dios nos proteja!
      En el cristal se ahogó la llama.
         "Y el vino, como veneno, arde". 
Son las oleadas de una cruda charla,
   cuando resucitan todos los delirios
      y aún no suenan los relojes...
Mi angustia no tiene límites
   y, como una sombra en el umbral,
      guardo mi último vestigio de paz.
Oigo una insistente llamada
   y un frío húmedo me convierte
      en piedra, me hielo, ardo...
Y, como si recordara algo,
   me doy la media vuelta
      y a media voz digo:
"Se equivoca: La Venecia de las dagas
   está aquí al lado... Pero las máscaras,
      capas, coronas y cetros
deben dejar hoy a la entrada.
   ¡Ahora se me antojó honraros,
      Espectros de Año Nuevo!".
Este es Fausto, aquel, don Juan,
   Dappertutto, Jokanaam,
      el más modesto, el nórdico Glahn,
         o el asesino Dorian.
            Todos murmuran a sus Dianas
               la lección bien aprendida.
                  Y alguno hay que con el tímpano
                     atrajo a una Ninfa con pies de cabra.
Y para ellos se abrieron los muros,
   se inflamó la luz, aullaron las sirenas,
      y, como una cúpula, se hinchó el techo.
No temo la publicidad...
   ¡Nada me importan las jarreteras de Hamlet,
      el torbellino de la danza de Salomé,
         y el paso de la Máscara de Hierro!
            ¡Yo soy más férrea que ellos!...
¿A quién le toca ahora asustarse,
   echarse atrás, retroceder, capitular
      y expiar un viejo pecado?…
Todo está claro:
                  No es a mí, pero ¿a quién?
   No se preparó para ellos la cena,
      los que conmigo no van.
En el faldón del frac ocultó él la cola...
   ¡Qué colorido y elegante!…
                                          Sin embargo...
      Confío en que usted no se haya atrevido
         a traer aquí al Príncipe de las Tinieblas…
Esta máscara ¿es una calavera, o es acaso el rostro
   de expresión dolorosa y malvada
      que sólo Goya osó dibujar?
Niño mimado y burlón,
   ante él, el más apestoso pecador
      es la gracia personificada...

¿Divertirse? Sí, divirtámonos.
   ¿Cómo pudo suceder
      que de ellos sólo yo esté viva?
Mañana alguien me despertará por la mañana
   y nadie me condenará,
      y tras la ventana el azul añil
         se reirá de mí.
Estoy asustada: entraré
   sin quitarme la mantilla,
      sonreiré a todos y callaré.
No, hasta el Valle de Josafat
   no quiero encontrarme con quien
      un día llevaba un collar
   de ágatas negras...
¿Acaso está cercano el último plazo?
   He olvidado vuestras lecciones,
      charlatanes y falsos profetas,
         pero vosotros no me habéis olvidado.
En el pasado madura el futuro,
   y en el futuro el pasado se consume. 
      Una pavorosa fiesta de hojas muertas.

      L      El sonido de los pasos de los que no están
      A      sobre el parquet encerado

      S      y el humo azul de un cigarro.
      A      Todos los espejos reflejan
      L      a quien no apareció,
      A      a quien en esta sala no pudo entrar.
   
      B      No es mejor ni peor que los demás,
      L      no exhala el gélido frío del Leteo,
      A      su mano es cálida.
      N   ¡Huésped del futuro!  ¿Será posible
      C    que me haga una visita
      A    a mano izquierda detrás del puente?

...Desde la infancia temo los disfraces,
   siempre me pareció
      que una sombra superflua
"sin rostro y sin nombre",
   en ellos acechaba...
                  ¡Abramos la reunión
         de este solemne día de Año Nuevo!
No esparciré por el mundo
   esta medianoche hoffmaniana
      Preguntaría a los otros...
                  Espera,
parece que no estás en las listas
   de los Cagliostro, magos, Lyciscas,
      vestidos a rayas,
embadurnados
tú eres...
      de la edad del roble de Mamre,
   secular interlocutor de la luna.
No nos engañan tus fingidos lamentos.
   tú escribes leyes de hierro;
      Hammurabi, Licurgo, Solón
         podrían aprender mucho de ti.
Él es un ser de humor extraño,
   no espera que la gloria y la gota
      le sienten en un suntuoso
         sillón conmemorativo,
            sino que pasea su triunfo
               por los desiertos, por el brezo en flor.
Y de nada es culpable. Ni de esto
   ni de lo otro ni de otra cosa...
                              A los poetas
            no les sientan bien los pecados.
¡Danzad ante el Arco Sagrado
   o desapareced!...
                  ¡Qué importa! De eso
            hablaron mejor sus versos.
El grito del gallo sólo lo soñamos.
   Tras la ventana humea el Neva.
      La noche no tiene fondo y se prolonga
         la diablería de Petersburgo...
En las ventanas angostas no se ven las estrellas.
   La muerte ronda por aquí, es evidente,
      pero la verborrea de la mascarada
         es insulsa, voluble, desvergonzada…
Un grito:
   "¡El héroe a escena!"
   No tema: saldrá ahora sin falta
      en lugar del larguirucho
         Y cantará sobre la sagrada venganza…
   ¿Por qué huís todos juntos
      como si hubierais encontrado una novia
         y me dejáis sola en la penumbra,
entre los negros bastidores
   que contemplan lo que se ha convertido
      en el drama más amargo?
         Y todavía no es la hora del lamento.
Esto no se encadena de repente
como una frase musical,
oigo un murmullo: "¡Adiós! ¡Ya es la hora!
Te dejo viva
pero no serás mi viuda.
Tú: ¡Paloma, sol, hermana!"
Dos sombras se funden en el rellano…
Después, escaleras de peldaños llanos
un gemido: "¡No hace falta! Y a lo lejos
Una voz pura:
      “Estoy preparado para la muerte”.
      Las antorchas se apagan, el techo desciende La sala blanca (de espejos) se convierte de nuevo en la habitación del autor. Palabras desde las tinieblas.
No hay muerte. Todo el mundo lo sabe.
   Es insípido repetirlo.
      Lo que hay, ojalá me lo explicaran.
¿Quién llama?
                  Porque a todos les dejaron entrar.
Es el huésped detrás del espejo. O alguien
   que de repente apareció en la ventana...
¿Es una broma de la luna nueva
   o es alguien que de nuevo está
      entre la estufa y el armario?
La frente está pálida y los ojos, abiertos...
   Esto quiere decir que son frágiles las lápidas.
      Esto significa que el granito es más blando que la cera...
¡Es absurdo, absurdo, absurdo! Y lo absurdo
   me convertirá pronto en gris,
      cambiaré por completo.
¿Por qué me haces señas con las manos?
                                    Por un minuto de descanso
                                    devolveré la paz eterna.

Anna Ajmátova

viernes, 22 de abril de 2011

El Beso


Mi boca florece como una herida.
He estado equivocada todo el año, tediosas
noches, nada sino ásperos codos en ellos
y delicadas cajas de Kleenex, llamando llora bebé
¡llora bebé, tonto!

Antes de ayer mi cuerpo estaba inútil.
Ahora está desgarrándose en sus rincones cuadrados.
Está desgarrando los vestidos de la Vieja Mary, nudo anudo
y mira, ahora está bombardeada con esos eléctricos cerrojos.
¡Zing! ¡Una resurrección!

Una vez fue un bote, bastante madera
y sin trabajo, sin agua salada debajo
y necesitando un poco de pintura. No había más
que un conjunto de tablas. Pero la elevaste, la encordaste.
Ella ha sido elegida.

Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
los tambores, las cuerdas están tocando irremediablemente. Tú hiciste esto.
Puro genio trabajando. Querido, el compositor ha entrado
al fuego.

Anne Sexton

jueves, 21 de abril de 2011

La balada de la masturbadora solitaria


Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma, mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par en espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exhibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndose en la playa,
un piano en la yema de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que se han casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Anne Sexton

miércoles, 20 de abril de 2011

Jeta de Santo


Carreteras de desnudez
arenas en que mi inteligencia
no se había desollado antes
estas páginas
tantas noches mi hospital
& tantas veces mi balneario
El único peine al que le doy la bienvenida
Beso al que llamo de cariño: mi guadaña
Cicatriz que me persigue con sus dientes
Flor de carne que desde mis tripas corto
Única alcantarilla donde sorbo & soy sorbido
Útero aéreo que me jala por las alas
Pentagrama tesoro / gruta azul
en la que vibro como nieve acorralada
El ojo velocípedo que soy
la roca pasional que me contiene / habla
Sinaí en llamas que cruz en largos zancos mi reposo
Sintaxis que se hace llamar por sus cuates: remolino
Tromba hoy herida
Bombardeada por quirófanos
& densos polvos suspensivos
Pernas sin espinazos de yo
Allego-cantàbile de hornos
Edificios de humedad en el desierto
que surgen de este mar-infierno helado
frescos: transparentes: innegables
Como 1 motoneta jineteada por un ballet travesti de sirenas
Velodenovia para la respiración del universo
Mi más querida flor recién nacida.

Mario Santiago Papasquiaro